VOLUNTAD CONSTANTE
Existen períodos históricos durante los cuales la humanidad se ve obligada a realizar cambios radicales para que, a medida que continúa evolucionando, pueda llegar al estado divino.
Sin embargo, con demasiada frecuencia no pensamos en estas cosas; sino que tenemos que enfrentarlas, analizarlas y resolverlas con el fin de evolucionar trabajando al servicio de la humanidad y el universo.
La mayoría de la gente actúa como niños que en vez de trabajar prefieren jugar.
Solo unos pocos, en su trabajo, se comprometen con voluntad constante; la mayoría simplemente hacen lo mejor que pueden, pero en realidad, no producen lo mejor de lo que son capaces y eso es, determina un retraso en la implementación del plan evolutivo.
Tomemos el ejemplo de los Señores del Mercurio y de los Grandes Hermanos del orden Rosa + Cruz que a pesar de ser parte de nuestra ola de vida ya han alcanzado niveles muy altos de evolución.
Vamos a tratar de compararlos y pensemos en ello.
Cuando no damos lo mejor de nosotros mismos en nuestros compromisos diarios, también venimos menos de las consiguientes responsabilidades espirituales.
Sin embargo, somos muy conscientes de que tenemos que comprometernos en cosas pequeñas para aspirar a mayores oportunidades, porque aprendemos las lecciones más importantes y necesarias con diligencia y dedicación nuestras actividades diarias.
Sin embargo, a menudo estamos lejos de dedicar nuestra mejor atención a las acciones diarias.
Poco nos damos cuenta de que, cuando damos lo mejor de nosotros mismos, se nos da lo mejor del mundo, tal como se prevé en el plan de evolución y la ley que gobierna el universo.
En cambio, ha llegado el momento en que cada uno de nosotros pasa por un profundo examen de conciencia y trata con toda la materia oscura que dispersa nuestra aplicación y nos impide alcanzar mayores alturas.
Tal plomo necesita ser analizado cuidadosamente y luego tratar de traducirlo en oro espiritual.
Empecemos a examinar nuestras posibilidades y, sobre todo, el enorme potencial del que podemos extraer.
Si somos honestos, si realmente queremos colaborar en la construcción de la Grand Opera, deberíamos actuar mejor, incluso mejor de lo que estamos haciendo.
Por lo tanto, intensifiquemos nuestros esfuerzos para pensar, y querer actuar mejor, trabajando para la gloria de Dios, para ser útil a los demás y contribuir a mejorar el mundo.
Nuestro Yo Superior representa el valor más alto que poseemos y cuando nos esforzamos por alcanzar su evolución, producimos un bien duradero para nosotros mismos, para la humanidad para el universo.
Nuestro planeta debe ser espiritualizado a través de pensamientos, sentimientos y acciones de cada vez más nobles y de mayor calidad.
Para realizar el propósito de uno, uno necesita suficiente fuerza de voluntad y una autodisciplina tenaz, como lo enseñan los Grandes Hermanos.
En Amoroso Servicio
Fraternidad Rosacruz de Mexico.

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