Diseminar la Enseñanza Cristiana Esotérica como fue dada por los Hermanos Mayores de la orden Rosacruz al mundo.
La Fraternidad se dedica a preservar las Enseñanzas como fueron dadas por el Hermano a nuestro amado Instructor Max Heindel y mantienen un Centro de curación espiritual, realizan servicios devocionales espirituales y programas educacionales que promueven la Enseñanza Espiritual Esotérica tal como se encuentra en el Concepto Rosacruz del Cosmos y en otros libros del mismo autor.
A LA LUZ DE LA ENSEÑANZA DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL
Por J.H.
Cuando Cristo se dirigió al Monte de los Olivos con Sus discípulos, llegó una gran multitud con antorchas, espadas y palos, enviados por los sacerdotes, liderados por Judas Iscariote.
Judas se acercó a Cristo inmediatamente y le besó.
Con una voz vibrante de amor y compasión, el Cristo le dijo: 'Amigo, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?'.
Durante el juicio, Poncio Pilato no encontró culpa en Jesús, y su esposa le envió un mensaje rogándole que no tuviera nada que ver con 'ese hombre justo' debido a los terribles sufrimientos que había tenido en sueños por causa de Él.
Sin embargo, instigados por los sacerdotes, la multitud exigió la crucifixión.
A las doce del mediodía del viernes, Cristo fue clavado en la cruz en el Gólgota.
Desde ese momento hasta las tres de la tarde, la oscuridad cubrió la tierra.
Sabiendo que la parte preliminar de Su misión estaba cumplida y que Su sangre derramada le permitiría entrar al planeta para convertirse en el Espíritu Planetario del Mundo, exclamó: '¡Consumado es! Padre, en Tus manos encomiendo mi espíritu'.
Desde el punto de vista de la Filosofía Rosacruz, cuando el Salvador fue crucificado, Su cuerpo fue atravesado en cinco puntos correspondientes a los centros de flujo de Su cuerpo vital, y la corona de espinas abrió un sexto flujo.
Al brotar Su sangre, el gran Espíritu del Sol, Cristo, se liberó del vehículo físico de Jesús e impregnó el planeta con Sus propios vehículos, difundiendo su cuerpo de deseos sobre la Tierra en un abrir y cerrar de ojos.
RAYS FROM THE ROSE CROSS — SEPTIEMBRE 1926 COMPILACIÓN COMPLETA TRADUCCION LLEVADA EN AMOROSO SERVICIO POR LA FRATERNIDAD ROSACRUZ DE MEXICO.
El Rosacrucismo es la síntesis de la religión, la ciencia y la filosofía, con una estrecha relación tanto con los misterios como con los principios de la vida desde los tiempos más antiguos hasta el presente.
Es para aquellos que son lo suficientemente fuertes como para pensar por sí mismos y que desean tener una concepción verdadera de la Gnosis (el conocimiento espiritual).
Las mismas verdades sagradas se enseñan hoy en las Escuelas de Misterios de los Rosacruces como se enseñaban hace tres mil años.
El microcosmos (el hombre) refleja al macrocosmos (el universo).
Su relación está expresada por el bien conocido axioma hermético: 'como es arriba, es abajo'.
El estudiante que sigue a la Cruz Rosa debe tener la paciencia del buey, la fuerza del león, la hombría del hombre verdadero y, metafóricamente, el poder de vuelo del águila si ha de ascender a Dios.
Mediante el ejercicio de Retrospección (examinar en orden inverso por las noches los acontecimientos del día), aprendemos a vigilar las acciones del ego.
A medida que vemos desarrollarse nuestro poder espiritual, debemos tener cuidado de no perder la humildad, porque el orgullo destruye el poder de ser útiles en el mundo espiritual.
El estudiante de la Escuela occidental asciende por las corrientes transmutadas del amor para ayudar a la humanidad como Auxiliar Invisible.
RAYS FROM THE ROSE CROSS — SEPTIEMBRE 1926 COMPILACIÓN TRADUCIDA EN AMOROSO SERVICIO POR LA FRATERNIDAD ROSACRUZ DE MEXICO
Cristo nos ha exhortado a hacer brillar nuestra luz y, en la parábola de los talentos, destacó que "a quien mucho se le ha dado, mucho se le exigirá", dando a entender que quien recibe un talento, por pequeño que sea, debe hacerlo fructificar.
Hemos recibido las preciosas Enseñanzas Rosacruces y deberíamos hacer uso de este conocimiento para acudir en ayuda de aquellos que aún no han encontrado la solución al problema de la vida y se encuentran en busca de la Luz.
No nos agradan las personas vanidosas que tienen un concepto exagerado de sus talentos y que, con discursos inapropiados, aburren a los demás, y con razón.
Pero los estudiantes de la Confraternidad Rosacruz parecen estar afectados por el mal y el temperamento opuesto, lo cual es una actitud igualmente errónea.
Denigrarse a uno mismo, ser tímido y carecer de confianza en sí mismo tiende a paralizar las capacidades y los talentos, que terminan por atrofiarse como los ojos de los animales que han abandonado la luz del sol para vivir en cuevas, o como la mano del faquir que, al permanecer inactiva durante años, pierde la capacidad de movimiento.
Si no utilizamos nuestros talentos, estos se atrofian y seremos responsables de haber atesorado el conocimiento sin haberlo compartido con quien lo buscaba.
Seremos, por lo tanto, juzgados como el siervo de la parábola que escondió su talento en lugar de trabajar para hacerlo fructificar.
Siempre hemos sostenido que no se debe obligar a una persona a creer en lo que no quiere creer, pero existen muchísimas ocasiones para decir una palabra elegida expresamente con el propósito de suscitar una pregunta de información sobre nuestra filosofía.
La tradición rosacruz comienza con la historia de Christian Rosenkreuz.
Se dice en parte legendaria, ya que no todos pueden creer que lo que nos queda o se ha escrito de él sea auténtico o real.
Por lo demás, todas las grandes verdades y las enseñanzas enunciadas por los grandes genios o pioneros de la humanidad han rozado, al menos en un primer momento, la ciencia ficción o la leyenda.
Se dice que la Tradición Rosacruz influyó e instruyó a los antiguos y sinceros alquimistas y a los sabios de la Edad Media; sin embargo, los documentos antiguos sobre los rosacruces están rodeados de misterio y leyenda.
Esto se debe a que es una orden verdaderamente secreta y solo alguna migaja puede dejarse caer al exterior con un propósito bien preestablecido.
Por supuesto, se sabe que en 1614 apareció en París un manifiesto llamado "Fama Fraternitatis" atribuido a Johannes Valentinus Andreae, que es el primer documento que proporciona alguna información sobre esta orden misteriosa, existente ya desde hace siglos.
El mismo autor había publicado previamente "Las bodas alquímicas de Christian Rosenkreuz", una historia fantástica, o considerada como tal, de acontecimientos ocultos centrados en C.R.C.
En la "Fama Fraternitatis" se habla de este ser misterioso, altamente iluminado, como un enviado del cielo para llevar a cabo una reforma social total.
Y parece que, efectivamente, intentó perseguir tal fin durante un determinado período de tiempo.
Aprendió griego y latín en el convento, ya que era pobre, a pesar de pertenecer a una noble familia alemana.
Deseoso de visitar el Santo Sepulcro, se unió a otro monje y comenzó su viaje, pero su compañero murió en Chipre y él continuó solo hacia Damasco, donde entró en relación con los filósofos del lugar.
A través de ellos se puso en contacto con grupos de sabios místicos residentes en la ciudad árabe de Damcar, quienes lo recibieron con los brazos abiertos, como a un personaje esperado desde hacía mucho tiempo.
Dichos místicos despertaron en él la Luz dormida durante los tres años que permaneció con ellos.
Después fue a Fez pasando por Egipto, acumulando siempre conocimientos nuevos y útiles. Más tarde regresó a Europa pasando por España.
Esperaba poder distribuir entre los sabios de Europa los tesoros de sus conocimientos, pero en todas partes encontró oposición y desilusión.
Regresó entonces a Alemania, donde construyó la casa llamada más tarde "Casa del Espíritu Santo", donde se dispuso a perfeccionar sus estudios.
Tras varios años de retiro, quiso intentar de nuevo dar a conocer en el extranjero aquella parte de su saber que podía ser utilizada por los sabios de la época.
Esta vez aceptó colaboradores, y tres de los antiguos hermanos del convento donde se educó se unieron a él.
Les hizo jurar mantener inviolables los secretos que les revelaría y les dio la información exacta que debían transmitir a la posteridad.
Y así fue fundada por cuatro personas la Fraternidad de la Rosa-Cruz.
Más tarde fueron admitidos otros cuatro hermanos, elevando su número a ocho. Estos, trabajando asiduamente en común, llevaron a cabo la obra en la que se encontraba reunido todo lo que el hombre puede conocer y desear, así como la instrucción y los arcanos de la Orden. Después de haber regulado todo correctamente y aprobado un estatuto, se separaron para ir a otros países donde poder dispensar esta Sabiduría entre quienes fueran dignos de ella.
Todo esto y más se extraía de la "Fama Fraternitatis".
En este punto, el pan y el vino estaban listos. Correspondía ahora distribuir el alimento a quien tuviera hambre y dar de beber a los sedientos, tal como se practica ininterrumpidamente desde las eras primordiales.
Esto es algo que la orden siempre ha hecho y aún hace, tanto con su parte visible y aparente, como con su parte más sustancial y real, pero absolutamente secreta y no accesible para todos.
Por supuesto, puede haber y hay personas que consideran que el contenido es pura leyenda. Esto se debe, sobre todo, a que consideran que él ya estaba iluminado por sí mismo, y encuentran objetable que pudiera aprender la sabiduría de otros sabios.
Debo decir que estas personas ignoran una ley oculta por la cual incluso los grandes seres deben primero comer y abastecerse del mismo pan, y beber y abastecerse del mismo vino que luego distribuirán, recurriendo a la gran tradición en los lugares donde se conserva y custodia celosamente.
Así, el maestro de la sabiduría occidental, Jesús de Nazaret, se formó con los Esenios y en varios lugares más.
La verdad se transmite de varias maneras: en nuestros días, a través de miles de libros, en órdenes y asociaciones pequeñas y grandes, luminosas y menos luminosas; pero es mediante estos medios (ESCUELAS DE DESARROLLO INICIATICO) que el buscador constante —que comienza a percibir al Maestro Interior llamando con discreción a su puerta— puede llegar a la verdadera Fuente, siguiendo los Métodos dados así como el avance en los diferentes grados que se nos explica como Estudiantes de la Fraternidad Rosacruz.
Además, existen diferentes métodos de desarrollo adecuados para cada pueblo o raza.
Para nosotros, los Estudiantes Rosacruces, como nos dice a menudo Max Heindel en "La Cosmovisión Rosacruz", los métodos orientales son buenos para los orientales, mientras que los métodos occidentales son para los occidentales, con el fin de alcanzar, con el mínimo esfuerzo, la única luz del conocimiento en la única realidad.
La conciencia se representa por un triángulo cuyo extremo está dirigido hacia arriba.
La base del triángulo representa la concentración en el mundo inferior más denso.
El extremo hacia la cumbre muestra que el Espíritu posee la conciencia del universo y bajará para satisfacer las necesidades evolutivas para adquirir una mayor experiencia y manifestarse.
El propósito de la evolución es la unión de estos dos estados de conciencia que pueden ser representados por la superposición de estos triángulos que forman la Estrella de David.
Los ocultistas a menudo utilizan el fuego para representar la conciencia.
El fuego tiene una fuerza que se puede usar y tiende a disolver cuerpos estructurados al igual que una actividad consciente.
Los ocultistas también utilizan el agua para representar el universo.
Debe recordarse que el agua puede ser utilizada para alcanzar la unión de los estados de conciencia.
En los antiguos templos, la Divina Hierarquía transmitió su influencia a los sacerdotes a través del agua con la que se bañaban durante la ceremonia del templo.
En la Iglesia Católica, los sacerdotes transmiten su influencia y la fidelidad a través del agua bendecida.
El estado perfecto se logra cuando el fuego y el agua se unen armoniosamente y se equilibran.
La conciencia se representa por el que en el que la cabeza (inteligencia) es más activa, un caso típico de hombre, mientras que el estado de conciencia del universo es el que en el que el corazón (simpatía) es más activo, lo que identifica el tipo clásico de mujer.
Estos dos estados se representan por la lámpara (cabeza) y el corazón que aparecen en los viejos tapones de los libros de Max Heindel.
Las líneas que comienzan en la lámpara y el corazón y que se unen en la cima representan la unión del cabeza con el corazón.
Las historias de hadas, mitos, leyendas que terminan con el matrimonio del héroe y la heroína y su felicidad son representaciones simbólicas de la unión de estos dos estados de conciencia. Incluso historias bíblicas como la boda del Cordero y su Novia, o la alabanza de la multitud, similar a la fragancia de las grandes aguas, se alegran en la boda del Cordero y su Novia, hablando de la unión del ser consciente con el Todo.
Estas historias insisten en la necesidad de tener el vestido de boda de oro para que el matrimonio tenga lugar.
No se puede entrar conscientemente en los mundos superiores hasta que se construye el cuerpo- alma, que se construye con una vida de servicio.
Se especifica en Apocalipsis 19:8 que "la novia estaba vestida de lino fino, por lo que el lino representa las obras justas de los Santos".
La Rosa -Cruz también ajusta la unión del ser consciente con el Todo.
La Rosa representa el Todo, ya que encarna la belleza armoniosa.
La cruz, por otro lado, simboliza el ser consciente porque representa el cuerpo en el que reside el Espíritu.
La estrella detrás de la Rosa -Cruz es el símbolo del cuerpo -Alma o el vestido de boda de oro.
La unión del ser consciente con el Todo no ocurre en un día.
El vestido de boda de oro debe ser tejido hilo por hilo, y si uno trabaja constantemente con actos de amor y servicio, uno puede llegar finalmente un día al "boda mística".
Al examinar los tiempos en los que vivimos, hemos podido observar que, debido a la conclusión de un período, que consiste en la pasada del Sol, para la Precesión de los Equinoccios, en el signo de Piscis, y la siguiente entrada en el signo del Acuario, ahora estamos experimentando el período intermedio que se presenta como caótico y que se llama exactamente el período del caos.
Este es un período recurrente cada 2160 años, tantas veces como el Sol toma para viajar un signo del zodíaco para la precesión; 2160, en realidad, es una décima parte del año cósmico compuesto de 25.920 años.
Este número se encuentra en todos los sectores de la vida mientras lo consideramos más a fondo.
Habrá que considerar dos ejemplos: la línea de células de esperma de 1000 metros en 72 horas, igual a 25.920 minutos, el humano respira en promedio 18 veces por minuto, un minuto equivale a 25.920 respiraciones en 24 horas.
Podríamos encontrar muchos otros fenómenos similares que podrían ser expuestos.
El caos significaría desorden, confusión, y, aparentemente, esto es exactamente cómo es, ya que todos los valores alcanzados, sociales y comunes, científicos y religiosos, se reexaminan, ya no constituyen La ley, ya que se transgrede debido a un impulso interior que la humanidad en general no puede comprender, pero que responde a una cierta madurez de la vida total, que en los humanos induce la reexaminación del pasado, el rechazo de cualquier condicionamiento que ya no corresponde al nivel de madurez alcanzado, en busca de lo nuevo y una forma de vida más receptiva en todos los campos.
Es una enfermedad inconsciente que la humanidad en estos períodos vive y la cura consiste en alcanzar valores sociales más altos y en todos los campos de conocimiento humano, ni siquiera hay un pueblo o tribu de origen remoto que, desde el sistema estelar de 1962 en el signo del Acuario, se mantenga inmune a este examen, así que esto siempre ocurre en estos períodos intermedios.
El período de caos, durante el tránsito del Sol de un signo a otro, y así la semilla de nuevas ideas donde cada prejuicio y cualquier condicionamiento cae naturalmente por el bien del progreso, para la otra ciencia, para las costumbres sociales más amplias y más justas, fácilmente emergiendo de la aparente confusión.
Otro punto para destacar es la tendencia hacia la unidad en todos los campos; y esto resalta la universalidad de la vida a lo largo del sistema solar, respondiendo al ritmo rítmico del Sol, para cada vida, pequeña o grande, se despliega dentro y en respuesta a esta unidad.
Cualquier vida emergente tiende a convertirse en una nación más grande, un pueblo; tienden a unirse en un solo pueblo de los diversos continentes, y no hay duda de que los habitantes de los continentes individuales tienden y eventualmente, incluso en unos pocos años más, se unirán y construirán una sola humanidad universal.
Los antiguos judíos eran celosos de sus tribus, podían adoptar costumbres o formas de adoración de otras tribus y personas, ya que esto constituyó la adoración de dioses extranjeros.
Los matrimonios se celebraban dentro y con la gente de su propia tribu, y era escandaloso y reprobable unirse con extraños.
Pero entonces, como ahora, los tiempos llegaron a los períodos de madurez que llamamos períodos de caos, y la juventud abandonaría, transgrede las principias tradicionales, adoraría a los extranjeros y se casaría con hijas de tribus cercanas y lejanas, extendiendo los horizontes y la respiración de la vida para construir personas más grandes y completas.
En esos tiempos lejanos, el faraón de Egipto se casó, por derecho, con su hermana, que se convirtió en su esposa y reina.
Maria de Belén se casó por derecho, desde que él era su pariente más cercano.
Pero superando las antiguas restricciones y los horizontes de la angustia, la vida se extiende, mejora y se dirige hacia la unidad, transformándose en una sola conciencia humana de la unidad, que se convierte en un solo y colectivo de conciencia humana.
Siendo la naturaleza humana como es, una de las cosas más difíciles que estamos obligados a hacer es admitir que estamos equivocados.
Esto es particularmente difícil para aquellos de nosotros que se han desarrollado más a lo largo de líneas ocultas que místicas y cuyos dominantes y tiránicos intelectos se rebelan contra las sugestiones de que pudieran estar en error.
Sin embargo, el no querer admitir un error ha sido la causa de muchas incomprensiones y conflictos entre individuos y de amargura entre grupos mayores de personas, así como entre las naciones.
La general renuncia humana a admitir errores surge principalmente de varios tipos de temor:
temor al castigo, temor a la responsabilidad y temor al ridículo. Una persona puede ser razonablemente inteligente, consciente de un error que ha cometido, y aún fundamentalmente deseosa de confesar el error, sacándoselo de su pecho.
En tanto que esté sujeta a uno o varios de estos temores, sin embargo, es muy difícil para ella “conversar” encuentra más fácil aceptar las consecuencias del silencio, que van desde una conciencia culpable que le afecta a ella sola, hasta un daño significativo que puede afectar a otras personas, que encarar el castigo, la responsabilidad o el ridículo.
El miedo al castigo es un legado de las experiencias de la infancia. El niño que es castigado por hacer errores pronto aprende a callar acerca de ellos. Es un padre prudente y afortunado el que
permanece tranquilo en presencia de los errores juveniles; el que se acuerda de alabar a su hijo por decir la verdad y el que puede hacer que el hijo comprenda plenamente lo que hizo de malo discutiendo el asunto con él en una atmósfera de racionalidad y confianza mutua.
También entre paréntesis, es un padre prudente el que admite sus propios errores en lugar de intentar mantener una aureola de infalibilidad que no engaña a los niños.)
El castigo, por supuesto, tiene su lugar en la disciplina de los hijos recalcitrantes, pero debería ser administrado con espíritu de amor y no de ira, y de aprendizaje más que de imposición del castigo por sí mismo. Comprensible como es el temor al castigo por parte de aquellos que han sufrido inmoderado castigo en la infancia, es, no obstante, un signo de inmadurez emocional en un adulto.
El miedo al castigo también puede importunar a una persona por lo demás estable que ha cometido, por error de juicio o ignorancia, inconscientemente una infracción a una ley o reglamento.
“La ignorancia de la ley no es una excusa,” sin embargo, y aunque parecemos operar en una sociedad sobrecargada de reglas que cubren muchas esferas de actividad, debemos aprender a
aceptar este tipo de situación también como experiencia de aprendizaje. Si alguna vez nos encontramos nosotros mismos en tal dilema, creado por nuestro propio descuido, seremos más cautelosos en el futuro. Es posible que, si confesamos el asunto de plano, nos será otorgada la indulgencia.
Aún si no se nos concede, sin embargo, es mucho mejor para nuestro propio crecimiento que admitamos el error y que venga lo que venga. Nada nos sucede sin razón, y es más benéfico soportar las desagradables consecuencias de un error honrado inmediatamente, que tratar de componer el asunto con el silencio.
Los errores deben ser rectificados y a su tiempo lo serán; no debemos pensar que guardando silencio acerca de ellos haremos que sus consecuencias desaparezcan.
En este contexto, también podemos considerar las responsabilidades que nos sobrevendrán como resultado de nuestros errores. Si hacemos algo malo, aunque sea pequeño y, comprendemos con el tiempo que lo hemos hecho así, es nuestro deber es hacer cualquier esfuerzo por corregir las cosas.
Cuando las personas se han molestado u ofendido por algo que dijimos o hicimos, u olvidamos decir o hacer, obviamente debemos tratar de componer las cosas tan pronto como nos demos cuenta de nuestra falta. Puesto que nunca sabemos cuán trascendentes son aún las más diminutas, es nuestro deber rectificar todas nuestras incorrecciones verbales y de conducta lo mejor que podamos.
La responsabilidad es un aditamento de la evolución; si rehusamos aceptar la primera, no llegaremos lejos en la última. Por supuesto, no siempre es fácil hacer frente a la responsabilidad, particularmente si implica deshacer algo ya hecho o retractarse de observaciones ya hechas, pero como en todos los esfuerzos que valen la pena, cuanto más consistentemente hagamos frente a nuestras responsabilidades, más fácil resultará hacerlo siempre así.
Como todo estudiante oculto debe saber, no se nos darán tareas y responsabilidades más altas, a menos que cumplamos con nuestras obligaciones en el plano físico.
Solamente necesitamos considerar cuántos errores de juicio y comprensión hacemos todavía en el mundo material, con los cuales se supone que estamos tan familiarizados como para que podamos imaginarnos cuán vacilantes serán nuestros primeros esfuerzos conscientes en los mundos espirituales menos familiares. Entonces también se nos hará responsables por nuestros actos y se esperará que nos enfrentemos a las consecuencias de nuestros errores. ¿Cómo podemos esperar vivir de conformidad con nuestra responsabilidad allá, si fallamos en hacerlo así aquí?
El miedo al ridículo es probablemente la causa más frecuente de nuestra renuencia a admitir que hemos estado equivocados.
Esto, por supuesto, no es sintomático de nada más que de orgullo y, por lo tanto, es particularmente inexcusable. Es igualmente inexcusable, por supuesto, que nuestros semejantes se rían de nuestros errores y las personas más altamente evolucionadas que han desarrollado alguna simpatía y compasión, no se rían de tales cosas.
Únicamente aquellos que todavía no están tan desarrollados se mofan de los disparates cometidos por otras personas.
Si podemos recordar esto, seremos capaces de dominar ese muy dañino temor al ridículo cuando se apodere de nosotros.
¿Por qué hemos de molestarnos si un individuo insensible se complace en burlarse de nosotros simplemente porque hemos cometido un error?
Él sería el primero en retroceder si estuviese sujeto al mismo tratamiento y todavía tiene mucho que aprender de una forma dura, y merece nuestra compasión, más que nuestro recelo.
Como sabemos, el orgullo del intelecto es uno de los pecados más habituales y dominantes atribuidos a la humanidad por los Hermanos Mayores.
En tanto que permitamos que este orgullo gobierne nuestros actos, impidiéndonos admitir nuestros errores y obligándonos a mantener una pretensión de “semiomnisciencia,” nos encerramos en una prisión echa por nosotros mismos.
Si permitimos que el orgullo del intelecto se apodere demasiado firmemente de nosotros, al final nos volveremos incapaces aún de reconocer nuestros errores y nos quedaremos solos.
Si no podemos reconocer nuestros errores, no podemos corregirlos; si no podemos corregirlos, no podemos crecer.
También gradualmente nos alejamos de otras personas que, con mucha razón, se enfadan con la conducta objetable y finalmente arrogante que engendra el orgullo.
Más pronto podamos volvernos francos y abiertos acerca de las cosas en que resbalamos, más pronto comenzaremos a vencer nuestro orgullo intelectual y nos liberaremos de una de las faltas más traicioneras que acechan al estudiante del ocultismo.
La afirmación “me equivoqué” usualmente implica que el que habla posee un buen grado de honradez, valor, humildad y confianza en sí mismo.
Es lo suficiente honrado como para ser sincero en su admisión, lo suficientemente valiente como para hablar a pesar de las consecuencias; lo suficientemente humilde como para admitir que hay cosas que no conoce todavía, y lo suficientemente confiado en sí mismo como para aceptar su error como una lección que, lejos de ser degradante, ha demostrado ser instructiva.
Es más prudente ahora que cuando cometió el error y ha aprendido algo que no es probable que olvide.
Si es un Ego avanzado, no se pone ni triste ni airado debido a su error, aunque indudablemente lamenta profundamente cualquier daño así infringido a alguien, pero está agradecido de haber descubierto el error y de haber aprendido de él.
Nuestros errores son a menudo nuestros mejores maestros, y la capacidad de admitirlos valientemente no es de ningún modo la menor de las lecciones que confiere.
Mostrémonos agradecidos por las oportunidades que nos hacen aprender a través de nuestros errores.
No tengamos temor de admitirlos sincera y rectamente, y luego hagamos todo lo que podamos por rectificarlos. En esto está el camino hacia el progreso.