OPORTUNIDAD
Con frecuencia se oye decir a alguien que se considera a sí mismo “arruinado” o “acabado”:
«Bueno, una vez tuve mi oportunidad y la perdí».
No hay falacia más grande que la idea de que «la oportunidad llama solo una vez a la puerta de un hombre»; y quienes estudian Astrología deberían ser especialmente conscientes de este hecho.
Porque, aun cuando no hubiera ninguna otra ayuda en un horóscopo, Júpiter recorre los doce signos una vez cada once años, y durante ese tiempo se encontrará y formará aspectos favorables con cada planeta de nuestro horóscopo.
Además, cada año las lunaciones vuelven para fructificar al menos algunos de los aspectos de tu horóscopo y traer a tu vida oportunidades para mejorar tu situación.
Estas influencias duran solo un mes; pero, aun así, son factores poderosos para fertilizar la semilla de la oportunidad, de modo que pueda dar fruto en tu vida.
Si ocurre un eclipse en tu horóscopo formando aspecto con cualquiera de los planetas benéficos, o revitalizando alguno de los buenos aspectos de tu carta natal, esta influencia durará todo un año y traerá oportunidades repetidas.
Todo lo que se necesita es estar despierto y aprovechar la oportunidad al vuelo, porque es como una semilla: a menos que la plantes en la tierra y la cultives, no crecerá.
Así que deja de quejarte.
Observa lo bueno en tu horóscopo y haz el mejor uso posible de ello.
Estás destinado a triunfar.
He aquí un hermoso poema sobre la “Oportunidad”, de Walter Malone:
Me hacen injusticia quienes dicen que ya no vuelvo
cuando una vez llamo y no logro encontrarte;
pues cada día permanezco fuera de tu puerta,
y te invito a despertar, levantarte, luchar y vencer.
No lamentes las preciosas oportunidades perdidas,
no llores por las edades doradas que se desvanecen;
cada noche quemo los registros del día,
y con el amanecer cada alma nace de nuevo.
Ríe como un niño ante los esplendores que se han ido;
ante las alegrías desaparecidas sé ciego, sordo y mudo;
mis juicios sellan el pasado muerto con sus muertos,
pero jamás atan un solo instante que aún está por venir.
Aunque estés hundido en el lodo, no retuerzas tus manos ni llores;
presto mi brazo a todo aquel que diga: «Yo puedo».
Ningún paria avergonzado cayó jamás tan profundo
que no pudiera levantarse y volver a ser un hombre.

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